Masacre a la libertad de expresión

Hoy París está de luto. El periodismo está de luto. Qué digo. El mundo entero debe estarlo tras el atentado contra el semanario satírico Charlie Hebdo. “Dios es grande” gritaban los asaltantes mientras esta misma mañana asesinaban hasta 12 periodistas a sangre fría y herían a otros 11. La libertad de expresión es un derecho de toda la sociedad que debe ser defendido ante toda circunstancia por el bien de la democracia. Por eso, hoy todos somos Charlie Hebdo. Stéphane Charbonnier, director del semanario, dibujó una caricatura suya que predicaba “El humor o la muerte”. Algo irónico. Todo mi apoyo a unos héroes que han defendido la libertad de expresión, el periodismo y la comunicación  (y el humor) hasta el último momento.

Homenaje de Zep a Cabu, Wolinski, Tignous, y Charb

Homenaje de Zep a Cabu, Wolinski, Tignous, y Charb

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Dulce Navidad

Las luces, los árboles, el bullicio de gente en las calles, los villancicos, Papá Noel, los Reyes Magos, polvorones, turrones y atracones familiares. Creo que la Navidad es mi época preferida del año. Por mucha crisis o malestar que haya, creo que las navidades son de los mejores días que hay porque las calles se llenan de felicidad (y no lo digo por ese consumismo frenético que aparece de golpe). Se respira alegría. Se percibe tranquilidad. Los niños disfrutan con sus regalos. Los mayores disfrutan como niños. No entiendo como en unas fechas tan cálidas (y a la vez tan frías) puede haber gente que no se sienta a gusto. Y mira que mi familia no es de esas que necesitan al menos dos comedores enteros para reunirse. Más bien al contrario. Las reuniones familiares suelen ser más o menos “modestas” porque algunos se han ido, otros no llegaron a venir. Aún así, me basta y me sobra para sentirme feliz y a gusto durante estas fechas. Un simple paseo por el centro de mi ciudad, lleno de luces, con villancicos sonando de fondo en las paradas repletas de figuritas para el pesebre o para el árbol. Estas navidades me siento especialmente feliz (como una niña, aunque esto me sucede siempre que llegan estas fechas). Me he sentido un poco más solidaria que años atrás. Quizá porque he madurado. Quizá porque soy yo la que toma la iniciativa y no terceros por mí. Sé que este texto está inundado de este “espíritu navideño” tan tópico de estos días y que algunos realmente odian. Pero no puedo remediarlo, por muchos problemas, estrés o agobio que sienta, no puedo más que sentirme bien durante estas fechas.

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Bueno, con todo sólo puedo desearos que paséis una maravillosa navidad, que disfrutéis como niños de las fiestas y os empapéis del calor y el confort que dan estas fechas. Olvidad el trabajo, olvidad los estudios. Olvidad la maldita dieta. Simplemente dejad la mente en blanco para que os inunde el ambiente mágico que recorre las calles de vuestra ciudad.

¡Feliz navidad!

¿Y si el tóxico soy yo?

Si tiene baja la autoestima, sufre dependencia emocional, siente miedo a lo desconocido
y adolece de recursos comunicacionales, debería hacerse una pregunta, porque esos son los principales motivos que llevan a una conducta tóxica

2012-07-13-Relaciones-o-personas-tóxicas
¿Alguna vez se ha sentido agredido o menospreciado por comentarios de su amigo? ¿Ha notado que en el trabajo le ignoran o le dan tareas por debajo de su cualificación? ¿Sus padres le han presionado para ser el mejor en todas sus actividades? Y su pareja, ¿le ha hecho sentir culpable de sus problemas? Si la respuesta a alguna de estas preguntas es sí, usted se ha topado con una persona tóxica. Son situaciones más comunes de lo que imaginamos, pero a las que nos es difícil ponerles nombre y enfrentarnos a ellas.

Ya el término nos indica que de nada positivo se trata. La relación tóxica es aquella que nos agota emocional, física o psíquicamente y de la que nos es difícil salir. Son espirales a las que no sabemos ponerles fin. Estas relaciones negativas pueden encontrarse en cualquier ámbito en el que exista un contacto interpersonal. El psicólogo argentino Bernardo Stamateas explica en su libro Gente tóxica (Ediciones B), que cuando entramos en contacto con personas que suscitan emociones negativas “se generan situaciones de miedo, ansiedad y en definitiva, un cuadro de estrés que intoxica a nivel emocional, bioquímico y físico” y asegura que “la gente tóxica potencia nuestras debilidades y nos llena de frustraciones”.

Son varios los psicólogos que apuntan que una relación tóxica no depende de la persona, sino del contexto que esta vive. Ciara Molina, psicóloga y autora de Emociones expresadas, emociones superadas (Planeta de Libros), sentencia que “el tóxico no nace, se hace”. La construcción de nuestra personalidad, unida a las experiencias, el ambiente y los factores externos son componentes que podrán crear un entorno propicio a desencadenar un carácter destructivo. Para la psicóloga parece evidente que cualquier persona puede desarrollar una actitud problemática, de la misma manera que puede solventarla. Pero para ello es necesario un proceso de autorreflexión.

¿Somos tóxicos? Pongamos por el caso que sí, que nos detectamos como una persona que está ejerciendo hacia los demás conductas nocivas. Lo que al principio puede parecer algo negativo será, en realidad, el inicio de un cambio positivo. Está claro que no nos plantearemos esta pregunta directamente dado que es difícil que uno mismo se dé cuenta, pero sí que existen algunos rasgos que se manifiestan y nos dan pequeñas pistas de que algo no va bien en nuestra actitud. Además de Ciara Molina, Sacramento Barba, presidenta de la Asociación Estatal de Mediadores “Mediación y Cambio” y también Francesc Sorribes, codirector del Instituto RET, coinciden en que un claro factor a nivel social será el deterioro y el rechazo de nuestras relaciones y en consecuencia, el aislamiento con los de nuestro alrededor. Poco a poco, iremos creando, con esas actitudes destructivas que pueden venir dadas por las faltas de respeto o de compromiso hacia los demás, un círculo social vacío que va a ser difícil de reconstruir por sí solo.

No sólo la toxicidad se identifica mediante el contexto social, también se va a reflejar en nuestro carácter que se va a decantar hacia los aspectos más negativos de la personalidad. Altos niveles de irritabilidad, frustración, inseguridad, mal humor, pesimismo o cualquier tipo de emoción negativa que percibamos se retroalimenta constantemente convirtiendo nuestras emociones en insanas. Se empieza por una idea a la que se suma una emoción y, si no sabemos gestionarla correctamente se convierte en un malestar constante que infecta nuestras vidas y puede derivar en papeles victimistas, ególatras, envidiosos, posesivos etcétera. Sorribes remarca que debemos estar atentos a cómo oscila nuestro “termómetro emocional”. Siempre existirán momentos de mayor o menor estabilidad, pero cuando es repetido y, en ocasiones intencionado, nuestra conducta entrará en este saco de comportamientos alteradas.

Una actitud tóxica es como un pez que se muerde la cola. Cuando uno se sumerge en ella, aparecen factores de alerta cada vez más pronunciados y las actitudes ya no sólo contaminan a los círculos cercanos, sino que nos repercuten a nosotros mismos creando por ejemplo, insatisfacción personal, resentimiento, autoexigencia o pensamientos negativos constantes hacia actos pasados. El familiar, el sentimental y el laboral son tres ámbitos en los que podremos encontrar respuestas sobre el origen de pensamientos e ideas que nos derivan hacia alguien tóxico.

REPORTAJE COMPLETO

Dedicado a los desalmados que han agredido a su perro delante de mi casa

Os presento a Chipi,mi perrita de 9 años

Os presento a Chipi, mi perrita de 9 años

No querría parecer agresiva pero, ¿qué tal si os dais vosotros de golpes?. A ver qué tal sienta. Estábamos en casa tan tranquilos cuando hemos escuchados unos gritos estremecedores, tanto que incluso Chipi (mi perrita de 9 años) se ha sobresaltado. Una pareja, con más cervezas encima de las que podían soportar, estaban discutiendo entre ellos y, en consecuencia, dando golpes y patadas al pequeño perro que les acompañaba. Gracias a dios, hay muchísimas personas decentes en Mataró capaces de parar los pies a acciones tan despreciables como estas. Un perro es más que un animal de compañía, es un compañero de viaje y aunque suene a tópico, es fiel y sobre todo, agradecido. De verdad nunca entenderé como puede alguien llegar a poner la mano encima a un animal indefenso que será incapaz de reaccionar a estos ataques por el simple hecho de que nunca le va a hacer daño a alguno de sus dueños.

Quien tenga un perro me entenderá cuando digo que no me avergüenza tratarlo como si fuera mi “bebé” o mi “hermano pequeño”, decirle tonterías, molestarlo, abrazarlo al dormir y compartir momentos de soledad. No he visto crecer a Chipi porque la adopté de la perrera ya cuando tenía 5 años, aún así, el cariño que me da no lo cambio por nada. Por eso, no entiendo como unos desalmados son capaces de agredir a un animal que es pura ternura. Si no sentís el amor que tenéis que sentir hacia los animales, si sólo queréis un perro por capricho o si no os veis capacitados de asumir las responsabilidades que conllevan (porque sí, un perro no es un juguete) no lo tengáis. Si lo tenéis que sea para hacerle feliz, para que se os tire encima cuando entráis por la puerta de casa, para compartir momentos juntos y sobre todo para quererle.

Alas para volar

Tener alas para volar. Poseer una laaaaarga cola. O unas patas para correr tan rápido como una gacela.

Hoy he visto un vídeo en el que se hacía una misma pregunta a niños y a adultos. Si pudieras cambiar una sola cosa de tu cuerpo ¿qué sería?. Quizás sea de las típicas campañas publicitarias que te impresionan y emocionan, pero está todo más que preparado. Seguramente. Pero eso no quita el mensaje que hay detrás. Los niños son tan inocentes como para hacer volar su imaginación a límites insospechados. Una inocencia que, en ocasiones, yo misma desearía tener para no ver este mundo podrido lleno de estereotipos, etiquetas y cánones establecidos por vete tú a saber quien. ¿Qué o quién debe decirme que talla usar? ¿Cómo vestir? ¿Cómo y cuándo debo sentirme bien con mi cuerpo? Desgraciadamente a cierta edad empiezas a ver como va el mundo y no son pocos los que caen en las garras de estas pautas tipificadas. Sólo espero que cuando sea mayor y tenga hijos, pueda educarlos dentro de unos valores positivos, en los que no pierdan la inocencia antes de tiempo y puedan disfrutar de su vida y de su cuerpo sin complejo alguno y sin que nadie les diga qué es lo bonito y que no.

Os dejo además dos enlaces de Dove que siempre me han gustado desde que los utilicé para un trabajo hace unos años en los que se plasma muy bien dos conceptos: la presión social por un cánon de belleza y las inseguridades.

“Beauty Pressure”

“Belleza Real”

Adiós a (lo que nos quedaba de) nuestra privacidad

Memes-indignacion-doble-check-Whatsapp_MDSIMA20141106_0007_11 Ana se levanta tan tranquila como cualquier otro día, se ducha, almuerza y va a trabajar. Mira su móvil, son las doce, un mensaje de su amiga y un par de su pareja. Los lee. No contesta. Come algo rápido porque hoy hay mucha tarea acumulada que debe terminar al final de la jornada. Son las siete. Llega a casa, se ducha y descansa. Contesta a su amiga que la pase a buscar y se van a cenar para desconectar. Hablan, se cuentan sus aventuras y sus problemas. Vuelve a casa. Son la una. Diez mensajes de su pareja. Cariño, me has leído a la 12:07. ¿Amor, por qué no contestas? Ana, me estás ignorando, sé que me lees, el doble check está de color azul.

Gracias a la nueva actualización de Whatsapp se vuelve a abrir el gran debate de lo vulnerable que se está volviendo nuestra privacidad. Vamos desde el “visto” de Facebook, a la “última conexión” de Whatsapp (de la que habíamos conseguido librarnos) y ahora llega el temido “doble check azul” que ha revolucionado las redes. Ha recibido elogios por algunos, y críticas por otros. También encontramos a los “pasotas”. Los que les da igual el doble check azul porque si no quieren van a seguir sin contestar ni dar exlicaciones.

Pero seamos realistas. El doble check nos complica la vida un rato largo. Si estábamos hasta los mismísimos por tener que dar explicaciones con la última conexión… Lo siento estaba con amigos, lo siento estaba trabajando, lo siento NO ME APETECE CONTESTAR Y NO TE ENTERAS, ahora ya con ese color azul (que acabaremos por odiar) va a ser el apocalipsis. Nuestra intimidad o nuestro tiempo libre se van al garete por tener ese tick que nos controla a cada movimiento que damos. ¿Qué necesidad hay de que la otra persona sepa si he leído el mensaje y a qué hora lo he leído? Oye, el Whatsapp está muy bien para tener una conversación rápida o para quedar con amigos. Pero bueno de aquí a que alguien me controle de tal manera hay un cacho largo. Quizás estoy ocupada, estoy descansando o simplemente no me apetece pasarme una hora enganchada al teléfono escribiendo (sí, soy de las que prefiere hablar y explicarse las cosas cara a cara).

Para los detractores como yo, lo único bueno que vais a sacar de ello es que puede que esa persona que tantas conversaciones os abre y con la que tan poco os apetece hablar, se de por vencido de una vez por todas (porque sí, porque cuando alguien pasa de vosotros se nota, no os hace falta una confirmación de Whatsapp para saberlo!!!)

Debo añadir que me parece contradictorio muchos de aquellos que se quejan de su privacidad por el doble check azul pero luego cuelgan el minutaje de su vida en las redes. Aunque eso sería otro tema de discusión.

¿Qué opináis del doble check?

¿Piropo o acoso?

No es el post que prometí, lo siento (¡voy muy justa de tiempo!), pero esta mañana vi el vídeo de la organización Hollaback! y me he crispado.

En él, graban a una mujer durante 10 horas mientras camina por las calles de Nueva York.  Básicamente se trata de una gran crítica, además de denuncia hacia nuestra sociedad ya que la actriz llega a recibir nada menos que 100 comentarios por parte de varios hombres ¡100! Para añadirle más leña al asunto, alguno incluso se permite el “lujo” de andar a su lado durante varios minutos.

Mi publicación va porque en multitud de ocasiones he llegado a escuchar y a leer como se intentan justificar estas molestas actitudes. He tenido que aguantar incluso a amigos y conocidos diciendo que somos las mujeres, que vamos provocando con la ropa, con tanto maquillaje… Y que deberíamos alegrarnos de recibir piropos. Que no entienden porque nos enfada o nos molesta tanto un simple comentario.

Creo que el vídeo refleja bastante lo que el colectivo femenino sufre día tras días (y eso que no dura ni tan solo 2 minutos). No voy a calificar estas palabras (la mayoría, vacías de contenido) como acoso, porque hay muchos tipos de comentarios y muchos tipos de personas y por eso, tampoco quiero generalizar. Pero lo que sí os puedo asegurar es que es extremadamente molesto, irritante e incluso desconcertante ir por la calle con amig@s, familia o pareja y ver actitudes como estas. Y ya no digamos cuando te toca ir sola.

¿Vosotr@s que opináis? ¿Piropo o acoso?